En Cádiz la Navidad no entra por la puerta - se cuela por el balcón. Primero llega como un destello en los adoquines mojados, luego como un acorde de guitarra que se escapa de un bar pequeño, y de pronto ya estás caminando con las manos en los bolsillos, oliendo a castañas asadas y a mar. ¿Te pasa también que, cuando diciembre aprieta, te apetece una ciudad con luz pero sin postureo, con tradición pero sin solemnidad? Pues este finde la capital gaditana y la Bahía se ponen especialmente jugosas.
