CRÍTICAS


Perdiendo el este

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CRÍTICA

Tras el gran éxito de “Perdiendo el norte” hace casi cuatro años, era inevitable que este film fuera realizado. No anda nuestro cine muy sobrado de éxitos y la fórmula que funciona tiene que ser explotada hasta la saciedad.

Tirando de “imaginación”, ambos films caminan por el sendero creado gracias al monumental éxito de “Ocho apellidos vascos”. Hemos pasado de reírnos de nuestros propios contrastes culturales a intentar hacer caja a costa de las inevitables y obvias diferencias con el milenario gigante chino.

Ante este punto de partida tan facilón, “Perdiendo el Este” camina en el alambre de la escasez de ideas y un flojo guión sin otro cinturón de seguridad que sus propios actores. Cuando a la historia no se le saca partido y los guionistas solo se conforman con redundar en chascarrillos propios de un chiste ochentero de Arévalo, el proyecto está abocado al fracaso. Pero para impedir el derrumbe están nuestros maravillosos cómicos, actores magníficos envueltos en proyectos olvidables que salvan la función con oficio y decoro.

Como en su momento ocurría con leyendas de nuestra escena como Paco Martínez Soria o Andrés Pajares, por citar solo a dos, que estaban muy por encima de la inmensa mayoría de sus deficientes películas, aquí observamos desde hace bastantes años que magníficos intérpretes como Carmen Machi, Javier Cámara, Julián López –por centrarnos en el film que nos ocupa- no necesitan brillantes diálogos para lucirse, para demostrar su admirable raza escénica.

Entonces, ¿hay vida inteligente en esta película mucho más allá de sus sufridos protagonistas?... definitivamente no. No me extraña que, finalmente, necesiten las tablas del teatro para elevar su menguada autoestima cinematográfica.

Andrés Martín

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