Crítica de la película Érase una vez en... Hollywood - Guía de Cádiz />

CRÍTICAS


Érase una vez en... Hollywood

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CRÍTICA

Al bueno de Quentin siempre se le exige lo máximo, como si cada nueva propuesta tuviese que superar a sus magistrales precedentes. Sin embargo, el genial cineasta nunca decepciona porque trata con asombroso mimo cada uno de sus nuevos proyectos.

"Érase una vez en… Hollywood" puede que no sea su mejor película, pero posee aspectos que le definen como el gran autor del último cuarto de siglo. Me hace bastante gracia escuchar o leer que es su obra más madura, como si en el resto de su filmografía no hubiese dado muestras de ello, pero lo que sí me parece es su obra más reflexiva, melancólica, entrañable y fetichista.

Tarantino nos transporta a una época crucial en lo cinematográfico y musical. Cuidadoso en los detalles nos muestra con asombrosa veracidad un tiempo en el que el talento, el hedonismo y la desinhibición se daban la mano. Ofrece un tierno homenaje a ese otro cine alejado del glamour, un sentido retrato sobre perdedores en busca de la redención, donde la amistad se forja en los momentos menos buenos, regalándonos personajes repletos de matices representados por unos monumentales Pitt y DiCaprio.

El gran mérito del autor se encuentra en su poder de fascinación sobre el espectador, contagiando al público sus ganas de que aquella época no acabase como realmente fue. Como si de un bonito sueño se tratara, narra ciertos acontecimientos a su manera pero desde el más absoluto respeto. Resulta luminoso cuando se lo propone, pero asfixiante y oscuro cuando la historia lo determina.

El tratamiento del personaje de Sharon Tate –maravillosamente encarnado por la dulce Margot Robbie- es el perfecto ejemplo para definir a Tarantino como el cineasta total. Y es que hay que ser muy grande para describir con tanta belleza su inocente actitud frente al inevitable ascenso hacia el éxito. Ella no es la protagonista, pero si la catalizadora de una historia repleta de cinefilia, una tierna mirada a una industria que ya no existe.

Sí, los veinte minutos finales son gloriosos, puro Tarantino, pero esta obra supondrá un punto de inflexión en su carrera si decide –como todos esperamos- alargarla. El maestro da una lección de puro cine, donde en cada revisión se aprecian nuevos detalles de una obra que, a buen seguro, será un clásico.

Andrés Martín

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