Crítica de la película Sin rodeos - Guía de Cádiz />

CRÍTICAS


Sin rodeos

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CRÍTICA

Santiago Segura siempre me ha parecido un tipo inteligente, capaz de abrirse camino a base de sal gruesa en el insulso panorama del cine español. No es grande ni como realizador ni como actor –aunque el primer “Torrente” me parece una joya del neorrealismo cañí- pero sí un cineasta hábil capaz de ofrecer al público lo que demanda. Aquí le tenemos en ambas facetas, revisando un film chileno, pero ante el visionado de su nueva película solo podemos echar de menos –quién lo iba a decir- su estilo cinematográfico de antaño.

“Sin rodeos” intenta ser una ácida crítica a la dictadura de las redes sociales, una oda al estrés cotidiano y un film en deuda con la sociedad actual en la que nos veamos fácilmente reflejados… pero se queda en tierra de nadie. En un evidente quiero y no puedo, Segura navega –y naufraga- al intentar una comedia de trazo fino, cuando lo suyo es el brochazo. Ante la imposibilidad de desarrollar con habilidad y frescura el planteamiento inicial, el espectador se ve inmerso en una espiral de torpes topicazos que apenas consiguen sacar alguna sonrisa, con la fe puesta en un arranque que nunca llega.

Todo aquí resulta insulso y plano, repleto de situaciones forzadas con el consabido cocktail de personajes televisivos que utilizan el film a modo de pasarela – ¿alguien puede decirle de una maldita vez a Cristina Pedroche que carece de talento alguno y que es un insoportable busto parlante? -.

Pero cuando el film parece despeñarse sin remedio hacia el desastre, ahí está la siempre estupenda Maribel Verdú para evitar la hecatombe. No es la Verdú una actriz con una especial vis cómica, pero su esforzado trabajo demuestra una enorme profesionalidad que sigue confirmando que es uno de nuestros activos más valiosos.

“Sin rodeos” destila más indiferencia que mala uva. Un film fallido que, afortunadamente, se autodestruye en nuestra memoria en cuestión de minutos.

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Crítica por Andrés Martín










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