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| Yo creo que la suprema aspiración
del Arte y especialmente del Teatro, debe ser recoger, reflejar,
dar la sensación de la vida de un pueblo, o de una
raza. |
Ramón
María del Valle-Inclán |
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LA RECUPERACIÓN DEL LEGADO DE LA TÍA
NORICA DE CÁDIZ:
VEINTE AÑOS DESPUÉS (1984-2004). |
| Désirée Ortega Cerpa |
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1. Introducción
La Tía Norica de Cádiz
es más que una compañía de marionetas. Es la abuela de toda la tradición
teatral andaluza. Un espíritu burlón con mucha solera y muy poca
vergüenza, irreverente y cáustica. O sea, en palabras actuales,
políticamente incorrecta y, por supuesto, un claro ejemplo
del pensamiento de Valle-Inclán. Los
hilos de la Norica son de la misma materia que los de las Parcas:
durante generaciones, gaditanos de toda edad y condición han compartido
el mismo espectáculo, cumpliendo con un ritual iniciático en los
misterios de Talía. Conocer
la historia de los títeres de la Tía Norica significa atravesar
el túnel del tiempo, efectuar una auténtica regresión al nacimiento
del drama occidental. Parte de su repertorio -los Autos de Navidad
en concreto- son un modelo vivo para entender como se produjo, a
finales de la Edad Media, la transición del teatro religioso al
profano tras la pérdida de la tradición clásica. Por analogía científica,
sería como tener un dinosaurio vivo a la puerta de casa. Pero
este dinosaurio, es abanderado de las leyes de la evolución y ha
desafiado al enemigo terrible que sepulta todo bajo el manto del
olvido. Porque es "incombustible", como bien definió el novelista
gaditano Fernando Quiñones, y a la que nunca acabará por meterle
el cuerno por el escritorio "el toro del tiempo" (Diario de
Cádiz, 7-4-1990:34).
2. Antecedentes históricos (1815-1959)
Las
representaciones con títeres en teatrillos o retablos ambulantes
-originarias de Francia e Italia- eran ya famosas en el siglo XVI
en la península, como lo demuestra la presencia del "titerero" Maese
Pedro en el Quijote (cap. 25, parte II). Había gran variedad
de ellos y llegó a existir cierta confusión en su descripción, porque
bajo la denominación general de "títeres" se incluían diferentes
diversiones. El término no sólo se refería a la estricta definición
de muñecos para jugar con las manos, sino que también se
utilizaba para designar a representaciones de carácter circense
y visual como linternas mágicas, ópticas, bailes o sombras chinescas.
Además, la profesión de titiritero designaba también al
volatinero, acróbata o saltimbanqui, e incluso al artista de juegos
malabares. Aunque los títeres
agradaban a la mayoría de los públicos y se daban tanto en teatros
o corrales como en plazas, vías públicas y palacios, en
general estaban mal considerados. Se les criticaba por mezclar lo
sagrado con lo profano, por el desenfado y el poco respeto con el
que representaban pasajes bíblicos o episodios de la vida de Jesucristo.
Para el pensamiento ilustrado eran una diversión rural, impropia
del mundo urbano, como mostró Jovellanos en su Memoria para
el arreglo de la policía de espectáculos y diversiones públicas
(1790), donde los consideraba contraproducentes, porque neutralizaban
los avances didácticos de la comedia neoclásica. El
público gaditano del XVIII era muy aficionado al teatro de marionetas
que incluso suplía a otros géneros en situaciones de epidemias y
guerras. Los espectáculos se denominaban máquina de figuras
corpóreas (mecánicas o de movimiento), ingenios mecánicos o autómatas.
Durante la denominada Feria del Frío, del 8 de diciembre -festividad
de la Inmaculada- hasta el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria,
se representaban los Nacimientos de figuras de movimiento
en casas particulares o en barracas ambulantes. De todos ellos,
el más famoso era el de la familia Montenegro, conocido popularmente
como Nacimiento de la Tía Norica, por una farsa o sainete
protagonizado este personaje al final de la función religiosa. Prueba
de su fama es la apertura en 1815 de un teatro para dicho espectáculo
en la calle Compañía, que funcionó sin interrupción durante 55 años
(Guía Rossety, 1871). Tras
el derribo de este teatro que, para ser consecuente con la historia,
recibió los nombres de Isabel II (1834-1867) y más tarde
Libertad (1868-1870), continuaron las funciones en diversos
locales de la ciudad. A partir de 1897 se hizo cargo de la compañía
Luis Eximeno Chaves, quien construirá una barraca desmontable con
cabida para 200 personas. En su interior se encontraba el retablo
-espacio propio de representación de La Tía Norica desde entonces-
cuya estructura es la copia exacta de un escenario a la italiana
con todos sus elementos, adaptado a las dimensiones de un títere.
Tras la muerte de Chaves en
1919, le sucedió su yerno Manuel Martínez Couto. Este realizó varias
innovaciones, afianzando las diversas técnicas de construcción y
manipulación que todavía se utilizan. Se distinguen, por un lado,
los títeres de hilo, que se manejan desde los puentes del teatrillo
mediante una cruceta vertical en forma de "T"
-percha gaditana- cuyo centro sostiene los hilos de la
cabeza y los extremos los de los brazos, teniendo las piernas mando
independiente. Por su parte, los títeres de peana -soporte
de madera- con varillas en los brazos, son accionados por los manipuladores
sentados en el foso del retablo. Por último, se usan también
títeres planos de madera, como recurso fácil para escenas de multitudes.
Couto además, realizó giras por diversas localidades de Cádiz y
Sevilla; amplió el periodo de representación, introduciendo nuevos
temas en el repertorio, con obras de autores y temas locales como
La Virgen de la Palma, o parodias del teatro español como
El Tenorio de astracán; incluso concedió la mayoría de
edad a Batillo, convirtiéndolo en protagonista exclusivo de dos
espectáculos, Batillo Cicerone y El sueño de Batillo.
Es necesario destacar que se
trataba de un momento en que los artistas españoles mostraron un
gran interés por las formas de teatro popular, en su búsqueda de
nuevos canales de expresión: los gaditanos Manuel de Falla y Rafael
Alberti bebieron en las fuentes de los títeres de la Tía Norica
para crear sus propias obras de marionetas, mientras que García
Lorca la inmortalizó en su genealogía de don Cristóbal: "Llenemos
el teatro de espigas frescas, (…) y saludemos hoy en La Tarumba
a don Cristóbal el andaluz, primo del bululú gallego y cuñado de
la Tía Norica, de Cádiz…" (Retablillo de don Cristóbal,
1931) Después de la guerra
civil (1936-1939), fue responsable de la compañía desde 1947, Joaquín
Rivas. Algunas firmas de la prensa local -como Francisco Padín,
Donato Millán Contreras o Adolfo Vila Valencia- comenzaron a intentar
llamar la atención de las autoridades con sus escritos sobre la
antigüedad e importancia de la Tía Norica. En 1950, Arcadio de Larrea
publicó dos artículos sobre el tema en Cuadernos de dialectología
y tradiciones populares. A pesar de todo, a partir de 1959
comenzó un periodo de inactividad, para reaparecer en 1974.
3. La recuperación del legado. La
actual compañía (1984-2004)
Después
de un paréntesis de catorce años, en agosto de 1974 la Norica volvió
a actuar para el público gaditano. A las representaciones acudieron
más de dos mil personas con el apoyo de autoridades municipales
e intelectuales como José María Pemán, Bartolomé Llompart o Pedro
Valdecantos. Este nuevo interés culminó con la publicación en 1976
del libro de Carlos Aladros, La Tía Norica de Cádiz. Gracias
al empeño de Aladros y otras personalidades del teatro como John
Varey o Lauro Olmo se inició el proceso de recuperación de los títeres
gaditanos. Por fin, en 1978, el Ministerio de Cultura adquirió el
legado de muñecos, decorados y manuscritos que fueron depositados
en el Museo de Cádiz. Una
vez restaurados, se mostraron en una exposición monográfica en la
II Fiesta Internacional del Títere de Sevilla (1982). Los organizadores
pidieron a los antiguos componentes que aún vivían -Eduardo Bablé,
Rosario Torres y Pedro Carpio- una "exhibición ilustrada". Esta
representación improvisada tuvo tal éxito, que hubo que repetirse
hasta tres veces. Fueron las últimas con los títeres originales.
Como consecuencia, en 1984, el Ayuntamiento de Cádiz y la Consejería
de Cultura de la Junta de Andalucía acordaron recuperar la compañía
y el Legado de la Tía Norica, realizándose réplicas exactas
de los antiguos muñecos conservados. Pepe Bablé asume la dirección
a partir de 1985 y la compañía recorrió con éxito gran parte del
territorio nacional. Coincidió en el tiempo con la publicación de
la enciclopedia Cádiz y su provincia, donde aparece
el resultado del trabajo de investigación de Margarita Toscano sobre
el material depositado en el Museo de Cádiz. Desde
ese momento La Tía Norica, ha participado con gran éxito en varios
festivales de renombre: V Feria del Títere de Sevilla (1985); II
Festival Internacional de Títeres de Segovia (1985); III Mostra
de Títelles a la Vall d´Albaida (1987); Muestra Micro-Macro Andalucía
de la Sala Mirador de Madrid (1987); III Festival de Títeres Ciudad
de Málaga (1990); IX Festival Internacional de Teatro de Madrid
(1991); XIII Feria Internacional del Títere de Sevilla-Expo 92 (1992);
XXIV Festival Mundial de Teatro de las Naciones de Chile (1993);
Festival de Teatro Clásico de Almagro (1994); Festival Internacional
de Teatro de Caracas (1997); Si tous les ports du monde
de Saint Malo, Francia (1997) en representación de la provincia
de Cádiz; Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz (diversas ediciones).
En noviembre de 2001 realizó un proyecto que perseguía desde varias
generaciones atrás: la puesta en escena El retablo de Maese
Pedro de Manuel de Falla. El estreno tuvo lugar en Cádiz, dentro
de los actos conmemorativos del 125 aniversario del músico gaditano
en el teatro que lleva su nombre, con la participación de la Orquesta
"Manuel de Falla" de la Diputación Provincial de Cádiz. Por otro
lado, en el apartado de reconocimientos, se puede señalar el "Día
Internacional de los Museos 1999", organizado por el Museo de Cádiz
dedicado a La Tía Norica; el homenaje de la profesión teatral andaluza
en la Feria de Palma del Río 2000; el premio "Lorenzo Luzuriaga
2004" de Fete-UGT y el Museo Nacional del Teatro, de Almagro (Ciudad
Real); el gaditano premio "Angelitos míos 2004" de la Peña "Los
Dedócratas" y, sobre todo, la Medalla al Mérito en Bellas Artes
del Ministerio de Cultura 2002. La ceremonia de entrega de este
galardón tuvo lugar, además, en la ciudad de Cádiz, el 10 de junio
de dicho año en la Iglesia de San Francisco. El acto fue presidido
por sus majestades los reyes de España, Don Juan Carlos I y Doña
Sofía, quienes entregaron personalmente todas las distinciones a
los diecinueve homenajeados, entre los que se encontraban otros
representantes del mundo teatral: María Fernanda D´Ocón, Tina Sainz,
Miguel Narros, Ventura Pons y Sancho Gracia. En la actualidad La
Tía Norica ocupa una sede estable, aunque provisional, en el Baluarte
de Candelaria, a la espera de la construcción de un espacio escénico
propio en la calle San Miguel, sobre el solar del antiguo Teatro
Cómico. El Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, a través de la Fundación
Municipal de Cultura, sufraga, mediante un presupuesto anual, los
gastos de mantenimiento de la compañía. Sus miembros se han agrupado
bajo la figura jurídica de asociación cultural y, mediante convenio
suscrito con la entidad municipal, llevan a cabo las diferentes
actividades que genera la recuperación del legado, así como su conservación
como tradición viva. La
sala de La Tía Norica, con una capacidad para unos 130 espectadores,
alberga además el taller de construcción de decorados y muñecos,
así como una muestra permanente de fotografías, carteles, títeres,
etc. Aparte de la creación de espectáculos la compañía ha organizado
otras exposiciones que han recorrido toda España y varios países
extranjeros, destacando la gira de exposiciones realizada por toda
la geografía andaluza durante los años 2000 a 2002, a través del
Circuito Andaluz de Teatro. Anualmente, de diciembre a enero se
ofrecen las típicas representaciones de los Autos de Navidad
que agotan las localidades y, desde hace varios años, hay otra cita
ineludible durante la Feria del Libro. También se realizan representaciones
puntuales y extraordinarias a petición de aquellos organismos que
lo requieran, como los Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz
o secretarías de organización de congresos de todo tipo que tienen
lugar en la ciudad. La Tía Norica cuenta además con su propia historiadora
y documentalista, Désirée Ortega Cerpa, que ha obtenido la "suficiencia
investigadora" con la máxima calificación gracias al trabajo de
investigación El sainete de la Tía Norica: edición
crítica, introducción y notas. En la actualidad, elabora su
tesis doctoral Historia crítica y revisada de la Tía Norica de Cádiz,
por cuyo proyecto ganó la Beca de Investigación Humanística del
Ayuntamiento de Cádiz en 1996. De igual manera, prepara la edición
de los textos restantes que conforman el repertorio del legado de
cara a su publicación. Otras actividades de la compañía se centran
en la enseñanza, como los talleres de iniciación al títere gaditano
en las escuelas, organizados por la Delegación de Enseñanza del
Ayuntamiento de Cádiz. También se han impartido clases magistrales
de manipulación en el Museo de Cádiz en mayo de 1999, como complemento
a las actividades del Día Internacional de los Museos dedicado
a la Tía Norica. 4. Espectáculos
La supervivencia
de La Tía Norica se basa en la combinación de tradición y modernidad,
en la capacidad de adaptación a cada generación, manteniendo unas
constantes que se amoldan a los cambios históricos, sociales y artísticos.
Así ocurre, con el tratamiento de los textos: guiones básicos sobre
los que se improvisa continuamente, introduciendo todo tipo de morcillas
o sea, comentarios, chismes y anécdotas de la actualidad con lo
que cada espectáculo se renueva constantemente. El
proceso de recuperación se realiza en dos etapas: en primer lugar,
investigación y recuperación propiamente dicha, a modo de reconstrucción
de los textos utilizando todas las versiones conservadas, en ocasiones,
hasta siete u ocho diferentes. Una vez elaborado el texto, se realiza
el trabajo de dramaturgia para su proyección escénica, única manera
de recuperar la verdadera esencia del legado y relanzar el teatro
de títeres en general: se aúna el teatro popular y tradicional que
representa la Norica, con todos los soportes técnicos y medios actuales,
ofreciendo nuevas dimensiones de las obras más antiguas del repertorio.
Mientras se acometía la
reproducción del material del Museo la nueva compañía puso en escena
un montaje que permitió a los nuevos componentes familiarizarse
con las técnicas de construcción y manipulación, bajo magisterio
de Eduardo Bablé Cabello. Este fue El dragón de tres cabezas,
versión libre de un cuento de Euvgeni Schwart, estrenado en el Gran
Teatro Falla el 26 de diciembre de 1984, con dirección de José Bablé
Neira. El primer espectáculo del antiguo legado estrenado la nueva
compañía La Tía Norica se estrenó en el Gran Teatro Falla el 13-12-1985,
dentro del II Festival del Títere "Ciudad de Cádiz" y contó con
la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Se construyeron telones, muñecos y se recuperaron las siguientes
piezas: · Autos de Navidad: textos
anónimos continuadores de la tradición europea medieval de representaciones
religiosas de misterios, con su mezcla de sagrado y profano,
sublime y grotesco, cotidiano y universal. Constan de 21 cuadros
separados por ciclos diferenciados de representación, de los que
se eligieron cinco en esta primera fase: "El palacio de Herodes"
(Cuadro 9, ciclo 2); "Pidiendo posada" (cuadro 12, ciclo 2); "La
anunciación a los pastores" (cuadro 13, ciclo 2); "El portal de
Belén"; (cuadro 17, ciclo 3); "La adoración de los Reyes" (cuadro
18, ciclo 3). · Baile de marionetas:
entreacto o escena final para demostrar el virtuosismo de los manipuladores.
· Sainete de la Tía Norica: Disparate
cómico en un acto y tres cuadros que recoge la cogida de la Tía
Norica por un toro y su posterior postración en cama. Tras la visita
del médico y ante la gravedad de su estado, Dª Norica llama al escribano
para redactar su estrafalario testamento. Todas las situaciones
están aderezadas por las correrías y travesuras de su sobrino-nieto,
Batillo, imprimiendo un ritmo vertiginoso al espectáculo, poco usual
en otros montajes de marionetas. Posteriormente,
se recuperaron otros dos cuadros de los Autos, estrenados
el 22-10-1989 en la Sala Tabacalera, durante el IV FIT de Cádiz:
"La gruta infernal" (cuadro 1, ciclo 1) y "Paso de reyes" (Cuadro
16, ciclo 2). En el primero, los efectos especiales junto con el
empleo de focos y música provocaban en el espectador la ilusión
de una auténtica lucha entre San Miguel y Luzbel. El segundo cuadro
había sido eliminado tiempo atrás del repertorio por considerarse
poco interesante. El problema se resolvió a través de una propuesta
plástica basada en la iluminación y grabaciones musicales, resultando
un cuadro de gran delicadeza estética. La inclusión de la Coral
de la Universidad de Cádiz en el diseño de sonido, dotaba además
de una gran magnificencia a todo el conjunto. Más adelante, se incluyó
"Anunciación a María" (cuadro 6, ciclo 2), conformándose definitivamente
el espectáculo actual de ocho escenas. Estas
puestas en escena que guardan especial fidelidad a la antigua tradición,
se alternan con otras que recuperan sainetes como Batillo Cicerone
(1928) de Manuel Martínez Couto, introduciendo nuevas formas teatrales,
que mezclan el títere con la proyección cinematográfica, conservando
del original sólo su línea argumental: Batillo se convierte en guía
del negro Pancho, productor de cine, que se enamora de la gaditana
Rosarito. Estrenado bajo el título de Batillo Cicerone: "pimpi"
de Cai -con dramaturgia de Pepe Bablé- en la Sala La Lechera
de Cádiz (16-11-1990), contó con la colaboración de Pedro Payán
Sotomayor, Felipe Campuzano y Fernando Quiñones, entre otros.
El 2 de mayo de 1999 se presentó
una nueva versión de la farsa de Dª Norica en el Baluarte de la
Candelaria, La Tía Norica: el sainete, con texto de Eduardo
Bablé. Los antiguos decorados pintados se sustituyeron por una escenografía
corpórea que copiaba la realidad hasta el mínimo detalle, como las
calles gaditanas con sus piedras redondas de los ríos de América
y cañones por las esquinas, apoyada en una iluminación que recorre
todas las horas del día. El realismo se combinó, sin embargo, con
elementos distanciadores que incidían en la teatralidad del espectáculo,
como la música de fondo y la intención de mostrar la maquinaria
escénica con el mágico cambio de decorados, a vista del público.
En esta ocasión se contó con la colaboración de varios artistas
flamencos como Nani de Cádiz, Niño de la Leo y el pintor cubano
Ajubel, entre otros. El
último proyecto escénico ha sido montaje de El sueño de Batillo
de Manuel Martínez Couto, concebido, a través de una dramaturgia
de Pepe Bablé, como la segunda parte de una trilogía iniciada con
Batillo Cicerone, Pimpi de Cádiz y que se cierra con una
nueva propuesta de otro sainete, La boda de la Tía Norica.
Este disparate cómico en siete cuadros -escrito probablemente entre
la década de los 20 y 30- constituye un guiño popular gaditano al
movimiento surrealista. El texto de Couto consistía en un mínimo
apunte argumental en el que se describe el viaje de Batillo por
el fondo del mar, tras caer por la cubierta de un barco: un itinerario
extravagante por la fantasía, aderezado con algunas de las constantes
del sainete gaditano. En la versión de Pepe Bablé -en cuya producción
ha participado la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía-
la imaginación se ha desbordado para crear un montaje musical cuyos
efectos especiales no tendrían nada que envidiar a una producción
cinematográfica. No obstante, se trata de un espectáculo absolutamente
gaditano donde la sencilla técnica tradicional de manipulación contrasta
con la nueva tecnología. En
El sueño…, el mar ha diluido parte del carácter ácido e
irreverente que Batillo comparte con Pulchinella o Don Cristóbal,
pero no ha perdido en ningún momento el punto de vista irónico de
un pueblo que sabe más por viejo que por diablo. Su devenir onírico
conecta con la ilusión del emigrante, aquel españolito que soñaba
una vida mejor en Cuba, o con el africano que hoy embarca en patera;
con los mundos paralelos de la literatura y los mitos engendrados
por el mar, desde Ulises a Popeye. La puesta en escena, además,
en la corriente inmemorial de este retablo que posee vocación de
microcosmos, ha aprovechado para homenajear al teatro musical en
todas sus facetas, de manera que Broadway, la revista, la calle
42, la sicalíptica y Walt Disney bajan juntos la escalera con doña
Norica reconvertida en vedette. Esta
quimera se resuelve en un auténtico espectáculo para todos los públicos:
es una aventura fantástica que contribuye a que los "locos bajitos"
se incorporen mirando hacia el mágico mundo del teatro. Pero también
contiene, para los que han perdido la inocencia, una interesante
revisión del tema clásico de la identidad del personaje imaginario.
Esta reflexión alcanza su punto culminante en el encuentro entre
Pinocho -el muñeco que se convirtió en niño- y Batillo -el chiquillo
gaditano transformado en títere- para recordarnos la simbología
de la Antigüedad sobre la marioneta: el ser humano dominado por
los hilos del destino. El
estreno de esta última producción tuvo lugar, con un éxito absoluto,
el 7 de diciembre de 2002 en el Teatro Alhambra de Granada. Posteriormente,
se presentó en Cádiz el 18 de diciembre dentro de la programación
del XIX Festival Internacional del Títere "Ciudad de Cádiz". El
día anterior, el 17 de diciembre, tuvo lugar una representación
protocolaria tras la cual La Tía Norica hizo entrega de la Medalla
de Oro al Mérito en Bellas Artes a la alcaldesa de Cádiz, Dña. Teófila
Martínez. De esta manera, la compañía hacía depositario de dicho
galardón al ayuntamiento y a la ciudad de Cádiz, como homenaje al
cariño que ha recibido por parte del público gaditano durante los
doscientos años de su existencia.
5. La exposición "El Legado de la Tía Norica (1984-2004)"
En 2004 se cumplieron los
veinte años de la recuperación de la compañía La Tía Norica con
una magna exposición titulada "El legado de la Tía Norica (1984-2004)".
Organizada por el Excmo. Ayuntamiento, a través de la Fundación
Municipal de Cultura, se expone en el Baluarte de Candelaria desde
el 16 de diciembre de 2004 al 13 de febrero de 2005. El proyecto,
elaborado por la comisaria general, Désirée Ortega Cerpa, y desarrollado
por la propia compañía, se ha basado en las recomendaciones de actuación
de los organismos internacionales que dictan las líneas de actuación
en materia de protección del patrimonio. Dichas instituciones alertan
de su fragilidad y del papel fundamental de los ciudadanos en su
conservación. De ahí la necesidad de dar a conocerlo, para que el
público llegue a apreciarlo y participe de su puesta en valor y
preservación para las generaciones futuras. De
esta manera, la exposición se ha concebido como una casa, la de
La Tía Norica, que abre sus puertas para mostrar un legado que pertenece
a todos los gaditanos. De esta manera, el visitante, tras atravesar
el umbral del Baluarte, donde se han situado dos grandes figuras
de La Tía Norica y su nieto Batillo, encuentra tras el "cuerpo de
guardia" la fachada y el patio de una casa típica gaditana. Para
esta primera escenografía, se ha tomado como referencia las viviendas
de Luis E. Chaves y Manuel Martínez Couto quienes en la primera
mitad del siglo XX dirigieron la compañía y crearon muñecos y telones
en su propio hogar. A la izquierda, en la sala A se muestra un audiovisual
y se puede apreciar la colección fotográfica de Juan Mendívil sobre
el Legado de la Tía Norica en el Museo de Cádiz. La sala B, por
su parte, presenta una colección de fotos de la compañía entre 1984
y 2004, así como el retablo realizado en hierro en 1983 al descubierto,
para que el público pueda apreciar sus dimensiones y estructura.
En la zona de la derecha comienza
el recorrido por las catorce casamatas del recinto, transformadas
en las diferentes "casas" de La Tía Norica. En primer lugar, la
del famoso sainete de este personaje, donde el visitante podrá sentir
la ilusión de moverse por un escenario, como si se hubiera trasformado
en marioneta. En primer lugar, se ha creado el supuesto salón-comedor
donde su dueña ha colocado cuidadosamente todos sus recuerdos más
importantes, galardones, noticias curiosas, donde por su supuesto,
como "joya de la corona", figura en lugar predominante la Medalla
al Mérito en Bellas Artes. A continuación se encuentra la estancia
del dormitorio, donde transcurre la escena del estrafalario testamento
de La Tía Norica. Puesto que en cualquier casa esta habitación es
siempre la más privada y personal, se muestra aquí la relación emocional
de la ciudad con el personaje y con aquellos que le dan vida. Y
como también es el lugar de los sueños, a través del armario de
La Tía Norica se atraviesa el túnel del tiempo, para conocer su
devenir a lo largo de los siglos. De esta manera, se vislumbra,
gracias a una maqueta, el teatro Isabel II, casa también de los
Montenegro, y el ambiente del siglo XIX; otra maqueta, la de la
barraca de Chaves, inicia la ilustración del devenir a lo largo
del siglo XX; los rostros de los últimos depositarios de la tradición
conducen hacia las técnicas de manipulación que conservaron o a
la accesoria de la calle San Juan, donde los títeres esperaron su
retorno a los escenarios y su puesta en valor; a continuación, se
explica la "casa" que La Tía Norica tiene en el Museo de Cádiz que
ha cedido material no expuesto al público y se ofrece un recorrido
por los espectáculos recuperados por la compañía. La visita termina,
donde comenzó, en el cuerpo de guardia, donde tras la muestra de
la colección del artista Rafael Casado, se despliega el proyecto
del futuro teatro de La Tía Norica en la calle San Miguel, la casa
definitiva esta tradición gaditana.
Para más información:
Ortega Cerpa, Désirée (2004) Sainete de La Tía Norica: edición crítica,
introducción y notas. Disponible en http://www.liceus.com
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