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      "Es de una belleza impresionante la vista que ofrece Cádiz desde el mar cuando en un hermoso día se acerca el viajero a su magnífico puerto. La luz deslumbradora de su cielo meridional, reflejada en los altos edificios de piedra blanca que se miran en la bahía, atrae la mirada del navegante desde los mismos límites del horizonte (...). Cuando se empieza a vislumbrar desde lejos los altos miradores y los altos pináculos de cerámica vidriada, parecida a la china, que adornan los pretiles de las azoteas, estas aéreas estructuras, fundiéndose a veces con el lejano brillo de las olas produce el efecto de una ilusión mágica".

      Esta maravillosa descripción del escritor Blanco White es solamente un ejemplo de la impresión que las Torres Miradores de Cádiz causaban en los visitantes que llegaban por mar a la ciudad en el siglo XIX. Estas construcciones, características de la arquitectura civil barroca (Siglos XVII Y XVIII), la "edad de oro" del comercio gaditano se convierten en seña de identidad.

      En la actualidad, en el casco antiguo de Cádiz quedan todavía 115 Torres Miradores, que nos recuerdan la época en que Cádiz era una potencia del comercio exterior y vivía mirando al mar y aunque no todas presentan el mismo estado de conservación, sin duda merece la pena fijarse en cada una de ellas.

      Durante el siglo de oro gaditano, el de mayor actividad constructiva, cuando más proliferan las torres en los edificios civiles, no se concebía una casa de comerciante con Indias carente de este elemento:
Es precisamente en estos años cuando se configuran los distintos tipos y variantes que las caracterizan:

       Tradicionalmente se han venido distinguiendo dos grupos de miradores según la forma como se termina el último cuerpo: los de silla o sillón y los de cúpula. Los primeros reciben este nombre porque su perfil recuerda el de un sillón al ser la planta del último cuerpo menor que las inferiores por uno de sus fuentes. El segundo, el más numeroso, tiene en uno de los ángulos de la terraza una garita octogonal, por donde se accede a ella y que a la vez sirve de mirador.
      Nosotros vamos a distinguir además un grupo formado por aquellas torres terminadas en una simple terraza, cuyo acceso carece de valor arquitectónico dentro del conjunto, y otro grupo resultante de la unión de las características particulares de la torre de sillón y la de garita.
 
 
 
 
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