Miércoles 7 de Enero de 2009
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EL PUERTO DE SANTA MARíA

El Puerto de Santa María jugó un papel de primerísimo orden tanto en los hechos relacionados con la aventura descubridora del Nuevo Mundo como en los posteriores momentos de relaciones mercantiles entre Andalucía y las tierras americanas. La posición geográfica de la localidad, muy cercana a Cádiz y Sevilla, y su resguardado emplazamiento junto a la desembocadura del río Guadalete, harían de esta ciudad un punto fundamental como base de flotas y lugar de expedición de cargamentos destinados a Ultramar.
Los palacios portuenses, antiguas residencias de potentados cargadores a Indias, y buena parte del entramado urbano de la localidad, son ejemplos de una arquitectura civil de ecos americanos bien definidos. Sede de una de las Capitanías Generales de la Mar Océano, El Puerto poseía buenos astilleros donde se equiparon muchas naos de la carrera indiana, siendo también el lugar donde Juan de la Cosa, cartógrafo y piloto de la "Santa María", confeccionase, en 1500, el primer mapa-mundi.
Ubicada junto al cauce del Guadalete se encuentra la Fuente de las Galeras Reales, bellamente decorada y con remate del escudo real cuyo fin era abastecer a las flotas y expediciones con destino a las Indias. Fue construida en 1735 por el maestro Bartolomé de Mendiola por mandato de Tomás de Idiáquez, autoridad suprema de la Bética durante el reinado de Felipe V.
Del Palacio de Medinaceli, residencia de los señores de El Puerto, a uno de cuyos miembros, Luis de La Cerda, solicitó patrocinio Cristóbal Colón para su proyecto de navegación, apenas si quedan unos restos de lo que debió ser uná majestuosa construcción y que son visibles en las calles Palacio y Micaela Aramburu de Mora, en las inmediaciones del río Guadalete.
Entre las casas más representativas de cargadores a Indias aposentados en El Puerto encontramos la de los Vizarrón o de las Cadenas, situada en la Plaza del polvorista, que acogió durante una temporada a Felipe V e Isabel de Farnesio como se nos recuerda en una lápida colocada en su bonito patio porticado. El Palacio de Purullena, en la calle Federico Rubio, esquina a Cruces, es otro claro ejemplo de la importancia que llegaría a alcanzar la burguesía mercantil en sus relaciones con Indias. Al igual que el Palacio de Imblusqueta, en la Plaza del Polvorista, un edificio destinado a sede del Ayuntamiento portuense tras una profunda remodelación. Y aún habríamos de hacer mención a la casa de Roque Aguado, en la misma Plaza del Polvorista; la de los Rivas, en la calle Palacio; el Palacio de Aranibar, actual Palacio de Justicia, en la Plaza del Castillo, y el edificio de la Antigua Aduana, ubicado en la Avenida de la Bajamar.
El Monasterio de la Victoria, situado a extramuros de la ciudad, junto a la carretera N-IV, es un interesante conjunto arquitectónico del último gótico mandado levantar por el duque Juan de La Cerda en los primeros años del siglo XVI, siendo donado por su constructor a la comunidad de Mínimos de San Francisco de Paula quienes lo habitaron hasta su desamortización. Tras ser convertido en centro penitenciario, función desempeñada hasta hace unos años, el edificio ha sido reutilizado como centro municipal dedicado a exposiciones y convenciones.
Entre los miembros de la comunidad que habitaron este convento se encontraba fray Bernal Boyl, primer Vicario Apostólico del Nuevo Mundo, quien embarcaría con Colón en el segundo de sus viajes para iniciar la evangelización de las tierras americanas.
Fundado por Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII, el Castillo de San Marcos realizó una fundamental función defensiva de las flotas que se abastecían en el río Guadalete antes de iniciar sus viajes al Nuevo Mundo. La tradición afirma que en este castillo residió Cristóbal Colón cuando se encontraba en la ciudad con objeto de conseguir el apoyo del duque de Medinaceli.