Miércoles 7 de Enero de 2009
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CASTILLOS DE LA FRONTERA: LA SIERRA, LOS PUEBLOS BLANCOS Y EL CAMPO DE GIBRALTAR

Posiblemente sea en la Sierra de Cádiz donde los castillos se nos ofrecen con una mayor rotundidad. En Arcos de la Frontera, puerta de acceso a la serranía a la Ruta de los Pueblos Blancos, su fortaleza, sede de un antiguo reino de taifas y posterior residencia de lo potentada familia de los Arcos, señores de la villa, ocupa, junto a la Plaza del Cabildo, la cota más elevada de esta singular población. De planta cuadrada y con torres almenadas en sus ángulos, entre las que destacan la del homenaje y la llamada torre del Secreto, el castillo arcense conserva buena parte de los elementos constructivos que determinaron su pasada imponencia.
El de Bornos, un buen ejemplo de castillo reconvertido en palacio, sirvió de residencia al Marqués de Tarifa a quien se debe la incorporción en el siglo VXI de elementos arquitectónicos renacentistas especialmente visibles en su patio de columnas y en sus magníficos ventanales. Ubicado en el centro de la población, este castillo-palacio, nominado de los Ribera, encierra unos bien cuidados jardines y conserva la robusta Torre del Homenaje de su primitiva construcción medieval.
El castillo de Espera es el llamado Fatetar situado sobre el cerro de su mismo nombre, una antiquísima fortaleza remozada por los árabes y conquistada por Alfonso X a la que se le adosaría la ermita del Santo Cristo de la Antigua. Sobre el cerro del Pajarete se encuentra ubicado el Castillo de Matrera, en la vecina localidad de Villamartín, de gran actividad bélica durante la conquista del Reino de Granada y del que se conservan en precario estado el patio de armas y la torre del Homenaje. También en estado ruinoso se nos aparece el roquero Castillo de Tavizna, cercano a Benaocaz, en un precioso paraje de las inmediaciones del río que le da nombre. De más difícil acceso que los anteriores es el Castillo de Cardela o de Fátima, a escasos kilómetros de Ubrique y muy cerca de las ruinas de la que fue importante ciudad romana de Ocurri. La imagen más reconocilbe de Zahara de la Sierra le es aportada por la airosa torre delhomenaje de su castillo (siglos XIII-XV), encaramado sobre un risco de complicado acceso que domina el blanco caserío de esta villa de tan marcada fisonomía medieval. La conquista de esta fortaleza, en 1483, fue protagonizada por las tropas mandadas de Rodrigo Ponce de León cuya difícil escalada para su toma a los musulmanes le sería recompensada con el título de Marqués de Zahara. También en Olvera es su castillo de época nazarí (siglo XII) el monumento que corona esta localidad para determinar su inconfundible silueta serrana. La fortaleza, a cuya sombre surgiría la actual Olvera, es una construcción de planta triangular alargada de la que se conservan en buen estado su torre de homenaje, sus murallas con paso de ronda y algunos de sus torreones.
Torre-Alháquime y Setenil de las Bodegas, dos poblaciones gaditanas situadas en el límite nororiental con la vecina provincia de Málaga, conservan algunos restos de sus respectivos castillos. En el primero de ellos, conocido por el nombre de Castillo del Cementerio (siglos XIII-XIV), de ascendencia nazarí y situado sobre una colina, son visibles algunos de sus torreones y la puerta de entrada a la que fuera su plaza de armas. En el de Setenil, coronando la parte más elevada de la localidad, aún pervive bien perfilada la silueta de su torre del Homenaje (siglos XII-XIII). Las localidades de Jimena y Castellar de la Frontera, situadas ambas en el interior del Campo de Gibraltar, nos presentan sendos ejemplos de fortalezas que bien podemos considerar como de entre las más interesantes de la provincia de Cádiz.
El Castillo de Jimena, sobre el cerro de San Cristóbal, es una construcción musulmana del siglo XII, sometida a posteriores reformas, que todavía mantiene en pie su magnífica portada con la Torre del Reloj, su curiosa torre circular y sus murallas almenadas. Por su parte, la fortaleza de Castellar (siglos XII-XV), extraodinariamente bien conservada, alcanzó su máxima proyección bajo el período nazarí. De irregular trazado amurallado y flanqueada por torres, son de destacar la puerta de acceso o Arco de la Villa y el alcázar-palacio. La acumulación desordenada del caserío intramuros que hoy conforma el llamado Castellar Viejo, para diferenciarlo del nuevo pueblo, o Castellar Nuevo, surgido en época reciente a extramuros, se corresponde con los orígenes tardomedievales de todo el recinto militar.