Viernes 21 de Noviembre de 2008
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LA RUTA DEL TORO

Desde siempre, el toro tuvo en las tierras andaluzas, como en el resto de las regiones mediterráneas, un significado sagrado y totémico generalmente asociado a la fuerza y la virilidad. Esta relación de nuestros antepasados con el toro sería el origen de ritos sacros y de diversiones y entretenimientos populares, muy extendidos durante las civilizaciones griega y romana, que bien pudiéramos aventurarnos a considerar como antecedentes milenarios de la "tauromaquia" moderna.
En la actualidad, el campo de Cádiz, donde también prospera el toro de raza "Retinta", de carne tan apreciada, cuanta con más de treinta ganaderías de toros de lidia, haciendo de esta provincia andaluza una de las más taurinas de toda España. En las dehesas y prados gaditanos pasta el toro bravo de "casta andaluza", heredero de los míticos "condesos", "cabreros" y "vazqueños" que, en el siglo XVIII, lograrían adecuar sus características a las exigencias de las nuevas "suertes" introducidas por el toreo a pie.
La Ruta del Toro por la provincia de Cádiz es una invitación para acercarnos al conocimiento de la vida de este animal en su medio natural y a los trabajos de selección que siguen manteniendo la raza del toro bravo y las peculiaridades de fuerza, acometividad, trapío y nobleza que definen a cada uno de los "hierros", pues no hay que olvidar que el toro de lidia no es único, sino que hay tantos como ganaderos. Los "herraderos", la faena de las colleras de "garrochistas" que acosan y derriban al becerro para probar su bravura, las "tientas" en la placita de las fincas, haciendas y cortijos, las "conducciones " y los "encierros" de las reses escogidas para la "corrida" son actividades que en el medio rural gaditano parecen encontrar su aire definitivo.
El recorrido taurino por la provincia de Cádiz se inicia en Jerez de la Frontera para transcurrir por toda la Campiña y concluir en el Campo de Gibraltar. La sucesión de prados y dehesas de hierba jugosa y fresca donde el toro pasta en libertad es una visión que nos acompañará a lo largo de esta ruta que nos conduce, primero, a San José del Valle, para continuar a Paterna de Rivera, Medina Sidonia y Benalup de Sidonia-Casas Viejas, localidades que configuran el corazón de La Campiña y el interior de la comarca de la Janda gaditana. Por Alcalá de los Gazules nos introducimos en el Parque Natural de Los Alcornocales, un atractivo entorno de aires serranos con densos bosques de encinas y alcornoques a cuyo amparo se acoge un buen número de ganaderías bravas para ocupar una gran parte de los términos municipales de Los Barrios, Castellar, Jimena, San Roque y Tarifa donde concluimos el recorrido. La Ruta del Toro por la provincia de Cádiz, muy a propósito para invertir una jornada completa, quedaría cumplida de la forma más adecuada si el viajero ha tenido la precaución de incluir en su programa la visita a alguna de las numerosas fincas ganaderas cuya explotación tradicional ha abierto sus puertas a las demandas turísticas. La probanza de la bravura es el espectáculo más atractivo y colorista que podemos presenciar en una ganadería.
En el caso de las hembras, los mayorales y ganaderos se aprestan a calibrar
sus características en la placita de la finca con el uso de tres instrumentos: el capote, el caballo de picar y la muleta. Así se comprueba cuántas veces arranca al caballo, cómo atiende a la muleta y cuánta es su nobleza en la embestida. Al final, una nota determinará el destino de cada vaca, siendo destinadas para madres las mejores de ellas. Para los machos, cuando andan por los dos años, la prueba, aunque de mayor vistosidad, es más complicada, ya que nunca se les podrá enseñar una muleta ni un capote porque, si los ven, aprenden y ya no servirán para la lidia. En este caso serán las parejas de garrochistas a caballo, con sus palos de majagua, a los que, en campo abierto, acosarán y derribarán a los erales para comprobar su manera de responder al castigo. Los buenos, serán novillos; los mejores, toros; y los excepcionales, sementales. Aparte de la bravura, la fuerza y otras características necesarias para la lidia, cada ganadero buscará en sus sementales la belleza objetiva, la armonía física y la perfección de su propia casta. Una vez seleccionados, estos sementales contribuirán al mantenimientos de las peculiaridades propias de cada ganadería, pudiéndose dedicar igualmente a exportación para la mejora de hierros foráneos.