Crítica de la película Timadoras compulsivas - Guía de Cádiz />

CRÍTICAS


Timadoras compulsivas

3 de 10

CRÍTICA

Lo más interesante de este film, más allá de sus limitados encantos, es recordar sus estupendos precedentes. La primera vez que esta historia se llevó a la gran pantalla, en un film llamado “Dos seductores” allá por 1964, los protagonistas eran David Niven –en un papel hecho a su medida- y un desinhibido Marlon Brando, que se alejaba de sus registros habituales. Décadas más tarde, en 1988, “Un par de seductores” –prefiero lo de “sucios sinvergüenzas” de su título original- nos traía a los siempre magníficos Michael Caine y Steve Martin como pareja protagonista, regalándonos un divertidísimo duelo interpretativo.
Pues bien, “Timadoras compulsivas” no deja de ser un nuevo “remake” de lo anteriormente expuesto pero, eso sí, en su vertiente femenina, que hay que aprovechar esa ola de empoderamiento que ya empieza a cansar…

El film, como era de esperar, no ofrece nada novedoso y se encomienda al carisma de sus protagonistas. Anne Hathaway y Rebel Wilson sostienen a duras penas un guión pobre, recurrentemente zafio y facilón, con escasos momentos divertidos que llevarse a la boca. Pero pobre –y torpe- es también su realización, absolutamente plana y desganada en la línea de un mero producto de encargo sin chispa ni alma.

Hathaway y Wilson recurren a su sobrado oficio para alejar del desastre absoluto esta lánguida propuesta. Desaprovechadas por la ineficacia del guionista se embarcan en una cruzada en busca de la risa fácil y solo lo consiguen a medias.

“Timadoras compulsivas” es el perfecto ejemplo de producto innecesario y vacío de contenido. Un decepcionante –y a ratos indignante- ejemplo de la alarmante escasez de ideas que impera en la industria americana.

Andrés Martín

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